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Juan Varga
Argentina
June 12, 2008
Así como cada uno de nosotros tenemos nuestras virtudes y defectos, las
instituciones también reflejan este estado de contradicción. Ante los
intentos de unirse, se chocan unas con otras poniendo cada vez más barreras
y terminan aislándose, yendo cada una por sus propios caminos. La unidad
deseada, la integración, la fusión de propósitos queda frustrada y el
resultado final es más división, más conflicto, más debilidad y menos
esperanzas de un mundo mejor.
Sin embargo existe un silencioso, certero y eficaz camino. Hay una solución
a este problema, y este camino es el camino de enseñar y practicar las
virtudes universales humanas. Algunos dirán: ¿Pero esto acaso no es una
obviedad? Parece una obviedad, sin embargo aún no se ha puesto en práctica
la enseñanza y la práctica de las virtudes como tiene que ser y con todo lo
que esto significa. ¿Por qué? Simplemente porque las virtudes siempre han
estado en una posición pasiva, objetiva en relación con las personas e
instituciones. En todos los textos de libros, revistas y periódicos, en los
documentales, en la vida familiar y en las escuelas siempre estuvieron
presentes una que otra virtud aislada y pronunciada cada tanto pero sin la
toma de consciencia del valor de las virtudes ni con la fuerza que estas
puedan tener hacia nuestras actitudes cotidianas.
La honestidad, la humildad, la objetividad, la unidad, la armonía, el amor,
el servicio, el cooperativismo, entre otras tantas virtudes han estado
supeditadas a las instituciones mientras que debe ser exactamente lo
contrario, las instituciones deben estar supeditadas a las virtudes, a los
valores universales.
Algunos podrán argumentar que las instituciones dieron nacimiento a las
virtudes y por eso han estado siempre bajo el control de las mismas, pero si
ese fuera el caso ¿Podríamos decir que los hijos están siempre bajo el
control de los padres? ¿No llega por acaso un momento en que el hijo madura
lo suficiente como para que tome control de su propia existencia y hasta
puede superar las habilidades de sus propios Padres? Al final de cuentas,
¿No es ese el deseo más profundo de nuestros padres, que nosotros les
superemos en habilidades, en progresos y en felicidad, en pocas palabras,
que seamos mejores que ellos?
Es por ello que a mi parecer ha llegado el momento de enfocarnos en
re-descubrir los valores absolutos, las virtudes humanas esenciales y darnos
cuenta que las virtudes humanas poseen poder propio para unir las
instituciones y, porqué no, hasta pueden prescindir de ellas con el fin de
alcanzar más rápidamente el Ideal de los seres humanos, la paz, la unidad,
la hermandad entre los pueblos, el reino de los cielos sobre la tierra, el
paraíso de los trabajadores, etc.
Debemos aprender, practicar y enseñar las virtudes en el hogar, en las
escuelas, en los niveles secundario, superior y en la facultad... ¿Sigue
pareciendo una obviedad? Entonces preguntémosle a un niño de cinco años que
mencione cinco virtudes, a un adolescente que mencione diez, a un adulto que
mencione veinte virtudes. ¿Saben definir cada virtud?, ¿saben cuáles son sus
antónimos?, ¿saben dar ejemplos? ¿Saben ponerlas en práctica? Apuesto a que
9 de cada diez no responde satisfactoriamente. Otra prueba de que no es una
obviedad la enseñanza y práctica de las virtudes se encuentra en los medios
de comunicación, en los espectáculos, en los boliches bailables, entre
políticos y gobernantes, en la guerra interminable entre religiones, entre
religiones y sectas, en los conflictos mundiales, etc., etc. y en nosotros
mismos.
Para concluir propongo que se busque el tiempo y se creen espacios para
enseñar las virtudes universales humanas, una hora por día puede reunirse la
familia y leer una virtud por vez, comentar experiencias relacionadas con
dicha virtud, dar ejemplos de vida, se pueden hacer reuniones vecinales; en
las escuelas debería existir una asignatura con un texto o manual para
enseñar y aprender las virtudes y ponerlas en práctica, crear juegos y
entretenimientos con virtudes, detectar las virtudes en los deportes y
premiar no solo al que realiza más puntos, sino también al mejor compañero,
al más servicial, al más humilde, al más honesto, al más decente, etc.
Se está hablando mucho de la solidaridad en diarios y noticieros televisivos,
pero ésta es tan sólo una entre cientos y cientos de virtudes que están
esperando pacientemente que las descubramos y las pongamos en práctica.
Esta es mi humilde propuesta para salir de la crisis de valores en que está
inmersa nuestra sociedad actual y quizás una alternativa para resolver
muchos problemas que nos afectan a todos los seres humanos que habitamos
este planeta.

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